La ciudad de Curicó, fue famosa por sus tortas, sus ciclistas, su rodeo y su Plaza de Armas. Algunas de ellas se han quedado relegadas en los triunfos del ayer, como el caso de nuestro principal paseo público, hasta hace un par de décadas, conocido como una de las plazas más hermosas de Chile. Desde hace unos dos años el municipio está tratando de retornar a esta situación de privilegio, con algunos intentos que hasta el momento están fructificando. Pese a todo, nuestro paseo, sigue teniendo el encanto misterioso que envuelve y atrae a quien se detiene a observar con la mente y el corazón.
Adentrarse en la Plaza de Armas de Curicó y recorrerla con detenimiento, es penetrar a un mundo especial dominado por las especies arbóreas y los monumentos históricos que hacen volar la imaginación. Nuestro paseo es un verdadero jardín botánico donde destacan sus 60 palmeras de las Islas Canarias, plantadas a principios del siglo 20 por orden del Alcalde Lindorfo Baeza.
En su foresta, además de las palmeras, destacan el roble americano de Estados Unidos; ciruela de flor del Cáucaso; laurel rosa, originario de Europa; abeto ciprés, de Japón: cedro del Líbano, Asia Menor; palmera china, Asia Oriental; aromo australiano; cedro de Himalaya, Asia; roble negro de Europa; abeto de España y otras especies traídas de distintos puntos del planeta.
El historiador e hijo Ilustre de Curicó, Oscar Ramírez Merino, hace mención de una especie llamada Ginkgo Biloba, o árbol de los mil escudos que crece en el costado sur poniente de la plaza. Este árbol es originario de la china y son los primitivos vegetales del planeta que ha logrado sobrevivir a los tiempos y a los cambios de la tierra.
ILUMINACION:
Uno de los dos últimos intentos por devolverle a la plaza su especial encanto, ha sido el cambio de luminarias efectuado el año pasado, lo que le ha dado un nuevo atractivo, más aún en esta temporada, cuando las luces se adueñan de los árboles los monumentos.
La Plaza de Armas, sigue siendo un orgullo para los curicanos y la prueba está en los cientos de personas que cada atardecer, se ubica en sus escaños para descansar y disfrutar del paisaje donde aún se puede soñar. |