Plaza de Armas: Monumentos y esculturas Volver
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Kiosco Construido en 1805, declarado Monumento Nacional en 1978
 

En nuestro principal paseo, además de la atractiva variedad vegetal, existe también una diversidad de monumentos y esculturas, que pueden hacer transitar a los atentos visitantes a lugares increíbles, si se deciden a viajar con la imaginación.
El principal atractivo dela plaza, es el quiosco, estilo Eiffel, construido en el año 1905 gracias a la exclusiva dedicación del intendente del aquel entonces Arturo Balmaceda Fontecilla, quien dedicó parte de sus propios ingresos para terminarlo. Fue dedicado monumento histórico nacional en 1978, junto a la Iglesia San Francisco, mientras que a las construcciones del contorno de la plaza (Banco de Crédito, Club de la Unión, Diario La Prensa y otras), fueron declarada zona típica.

 
El Toki, de Kiko Calquín, tallado en el mismo árbol La Fontana, de José Caroca Hoja de Laurel, de Virginio Arias
 
Otro de los atractivos, es la pila central, obra escultórica traída de Francia en 1865 y que la imaginación popular, la ligó a los trofeos de guerra que los regimientos chilenos, trajeron desde el Perú, en la Guerra del Pacífico. A este monumento se unen el busto de Don José Antonio Manso de Velasco, obsequiado por el Banco de Curicó, en las celebraciones de las fiestas del Bicentenario de la ciudad y la figura del toqui Lautaro, tallada en el tronco de una vieja haya, por el artista Heraclio Calquín.
En el caso de las figuras blancas, debe hacerse justicia a la idea del director de obras municipales, José San Martín Ferrari, que propuso la obra y a la gestión del alcalde Jacinto Valenzuela. Hoy disfrutamos gracias una donación del Rotary Club, de figuras como el Niño Taimado y el Niño de la Fuente, del escultor Simón González; Hoja de Laurel, del escultor Virginio Arias y la Fontana, del artista José Caroca.
A la cantidad de atractivos de nuestra plaza, debiera haberse sumado la pileta de los cisnes, que ya no funciona, por razonas humanitarias, dado que estas aves, terminaban enfermas por no adecuarse al cautiverio o en las fauces de los perros callejeros que saltaban los cercos de su hábitat.
 
Niño Taimado, de Simón González   Niño de la Fuente, de Simón González